Desechos y medio ambiente: Asegurando la sostenibilidad y la continuidad del desarrollo


El problema de los residuos generados por la actividad humana, que tienen un impacto negativo en el medio ambiente, es un tema que en las últimas tres décadas se ha puesto en los primeros sitios de la discusión a nivel global.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) incluso ha creado una subdependencia especializada en el tema: el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, u ONU Medio Ambiente. Es un marco internacional donde se debaten las principales problemáticas asociadas al impacto negativo en los ecosistemas y sobre el peligro que representan para la salud humana.

Este organismo estima que la generación de residuos sólidos urbanos en América Latina y el Caribe alcanzó un volumen cercano a las 540 mil toneladas diarias en 2017, y para 2050 la cifra estará por las 671 mil.[i] Si a ello sumamos que, según la ONU, el 80% de la población latinoamericana vive en ciudades podemos dimensionar el reto que se tiene en frente.[ii]

“Los datos presentados por ONU Medio Ambiente muestran que, incluso con algunas mejoras alcanzadas en los últimos años, cerca de 170 millones de personas todavía están expuestas a los graves impactos que causa la mala gestión de desechos al medio ambiente (suelo, aire y agua) y a la salud humana" señala Carlos Silva Filho, director presidente de la organización brasileña ABRELPE, enfocada en problemas medioambientales, y miembro del Comité Directivo de la Perspectiva de Residuos.[iii]

Enfocar este problema desde una visión integral es de suma importancia, pues no es asunto sólo de algunos actores sociales, sino de todos y cada uno de aquellos que integran los países, las ciudades y las comunidades. Así también toda organización relacionada con la industria y el factor productivo. Todos generamos algún tipo de desecho medioambiental.

En este sentido el sector gubernamental y financiero, incluida la industria aseguradora, pueden plantear opciones muy valiosas para paliar los efectos indeseables sin detener el crecimiento económico de los países.


Una responsabilidad ética y legal ineludible

A principio de los años setenta, cuando despertó seriamente la preocupación por la generación de contaminantes hacia el medio ambiente, se acuñó una frase que se ha vuelto piedra angular en la materia: Quien contamina paga.

Aunque se refería principalmente a la responsabilidad que las empresas deben asumir frente a los efectos nocivos que su actividad pueda tener al producir desechos, en cierto sentido es aplicable a todos. Desde tirar una pila usada en un depósito no adecuado hasta un derrame de alguna empresa minera. Todo contribuye a la afectación ecológica.

Por desecho peligroso debemos entender todo material que posea componentes o propiedades que le confieren la capacidad de provocar daños o pérdidas, en especial causando efectos adversos a los ecosistemas y a la salud humana.[iv] Para definir esa peligrosidad se determinan los compuestos constituyentes de dicho material con base al método de prueba de extracción (PECT) con lo que se diagnostica la movilidad de sus compuestos y su toxicidad hacia el medio ambiente.[v]

A nivel industrial, la responsabilidad no termina cuando el productor de algún desecho peligroso lo entrega a un contratista que lo transportará y a su vez lo entregará a otro proveedor más, quien lo tratará y lo confinará. En esta cadena de fases la responsabilidad del productor continúa, por lo que su responsabilidad, al contratar los servicios necesarios y monitorear el historial y procesos de sus proveedores activamente, es ineludible.

En contraste, cuando el residuo es reciclado de forma adecuada o puesto en condiciones tales que no representen peligro alguno, la responsabilidad termina. Eso incluye todo el proceso. Aunque el enfoque tradicional veía a la gestión de desechos como soluciones de disposición final, en la actualidad, "deshacerse del problema" valga la expresión, es una visión parcializada que está siendo paulatinamente abandonada tanto por la legislación, como por el mismo sector industrial, para considerar todo el ciclo de vida de los residuos.


Protección ambiental en América Latina

El primer paso cultural en la región latinoamericana, en materia de protección ambiental, se ha dado mediante el abandono de una falsa dicotomía: cuidado medioambiental versus desarrollo económico. Hoy los temas relacionados a la sostenibilidad tienen cada vez mayor peso en las decisiones económicas de los gobiernos.

Con sus variantes en cada país, se pueden observar dos tendencias crecientes en la región:[vi]


  1. Los Estados y las corporaciones locales reconocen que las políticas de mínima protección ambiental terminan siendo insostenibles a mediano y largo plazo.

  2. Las multinacionales, que en el pasado han podido ser partícipes de una aplicación laxa de las leyes ambientales, pueden desempeñar en la actualidad un papel positivo respecto a la transferencia de políticas y buenas prácticas implementadas en sus países de origen.

Esto se ve reflejado en los resultados de una encuesta realizada por la consultora global PwC a 205 ejecutivos, 66% los cuales ocupa el cargo de CEO, en 18 países de América Latina y publicada en diciembre de 2014:[vii]

  • El 80% las empresas participantes considera a la sostenibilidad como un tema relevante para sus organizaciones.
  • El 70% opina que es necesario contar con una estrategia de sostenibilidad para ser competitivo.
  • El 88 % espera aumentar su compromiso con la sostenibilidad en los próximos 3 años.
  • El 73% considera al cambio climático una cuestión significativa en su empresa.

Estos indicadores complementan de forma positiva la tendencia de las legislaciones de la región a ser más estrictas en materia ambiental. Falta mucho por hacer, sin duda, principalmente en la comprensión del fenómeno, la especialización de los agentes participantes, así como en la implementación de medidas efectivas y de protección en caso de contingencias, pero la necesidad del cambio en beneficio del medio ambiente es una realidad que avanza.


La ruta del salmón: El seguro medioambiental

"El sector medioambiental es como la ruta del salmón, es decir, nadar a contracorriente; tenemos que hacer mucha labor de asesoría, de convencimiento. Es una venta muy técnica donde el cliente no está familiarizado con los procesos, riesgos, leyes y normas ", comenta Carmen Huerta, Gerente Regional de Riesgos Medioambientales de Chubb América Latina.[viii]

La evolución del seguro medioambiental parte del concepto tradicional de responsabilidad civil. Sin embargo, al desarrollarse mucho más el estudio y consciencia del cuidado de los ecosistemas, los instrumentos relacionados empezaron a ser insuficientes ante las características propias de un daño al medio ambiente.

Estas pólizas no pueden medirse sobre un evento súbito de afectación única y predecible, ya que el daño que provocan los contaminantes o residuos peligrosos puede ser paulatino, gradual, difícilmente cuantificable y, por lo general, muy costoso de resarcir.

Además, es necesario tomar en cuenta que en la actualidad la responsabilidad es una cadena que no finaliza sólo por haber entregado un residuo peligroso a un proveedor de servicio, sino hasta que el ciclo mismo termina de manera adecuada. Se debe estar seguro de que todos los actores que participan en cada una de las etapas del proceso estén protegidos con un seguro medioambiental específico, pues no hay instrumento que abarque todo.

"A veces el cliente piensa que una afectación ambiental es sólo limpiar un derrame, cuando en realidad se abre una caja de Pandora entre afectaciones, remediaciones al posible el daño, aspectos legales, demandas, imagen pública, manejo de crisis, entre otros problemas", concluye Carmen Huerta.

La especialista en temas ambientales, Guadalupe Torres, complementa: "El gran desafío consistirá en la obtención de una ecuación que refleje el equilibrio justo entre la prima y el interés asegurable de modo que haga conveniente la celebración del contrato para ambas partes, a la vez, que se opere una adecuada protección al ambiente."[ix]

Porque si hablamos de otra ecuación, la protección financiera tiene un sentido primordial: los eventos medioambientales son de baja probabilidad, pero de muy alto impacto. Un adecuado análisis de riesgos permite identificar los puntos vulnerables para plantear las mejores soluciones de prevención y rápida respuesta en caso de contingencia.

Que exista un respaldo financiero en materia medioambiental, como son los seguros, garantiza no sólo la preservación de los ecosistemas, sino la continuidad de la actividad industrial, que es fundamental para el desarrollo de los países, sobre todo en economías emergentes como las latinoamericanas.


Bibliografía y fuentes

[i] Redacción. Aumenta la generación de residuos en América Latina y el Caribe. ONU Medio Ambiente. 21/nov/2017.
[ii] ONU Medio Ambiente. Apartado América Latina y el Caribe.
[iii] Redacción. Los países de América Latina y el Caribe generan 540,000 toneladas de residuos urbanos cada día. Residuos Profesional. Nov/2017.
[iv] Javier Martínez. Guía para la gestión integral de residuos peligrosos. Centro Coordinador del Convenio de Basilea para América Latina y el Caribe. 2005.
[v] Graciela Ruiz, José Manuel Fernández y Refugio Rodríguez. Residuos peligrosos, grave riesgo ambiental. Revista Avance y Perspectiva. Instituto Politécnico Nacional. México. Vol. 20. 2001.
[vi] Rodrigo Díaz. La protección ambiental en América Latina; leyes más estrictas. XL CatLin. XL Group. 8/oct/2015
[vii] Mariano Spitale (coordinador editorial). Encuesta PwC sobre desarrollo sostenible en América Latina. Dic/2014.
[viii] Carmen Huerta, Gerente Regional de Riesgos Medioambientales de Chubb América Latina. Entrevista. Sept/2018.
[ix] Guadalupe Torres. Seguros ambientales: análisis de su reciente reglamentación. Revista OIDLES (Observatorio Iberoamericano del Desarrollo Local y la Economía Social) Vol. 2 No. 5. Universidad de Málaga, España. Dic. 2008.