Eventos masivos: apasionantes y seguros

“Como aseguradores debemos pensar en productos específicos que se conecten y hablen el mismo lenguaje que el promotor de eventos.”
Juliana Sabrina dos Santos [I]


A partir de los años ochenta América Latina empezó a ser un foco importante para la industria del entretenimiento mundial en lo referente a eventos masivos: conciertos, festivales, espectáculos escénicos y justas deportivas, por mencionar algunos.

En materia económica y cultural se fueron operando una serie de cambios, así como el advenimiento del mundo globalizado con toda su fuerza, por lo que la región latinoamericana se abrió a las dinámicas que operaban en los principales centros mundiales. El provincialismo y el aislacionismo anteriores dieron paso a una actitud mucho más tolerante que buscó acercarse a la diversidad de expresiones existentes, con esto la región demandó ser vista dentro del itinerario cultural global.

Hoy las capitales latinoamericanas son sedes de importantes eventos masivos. Podemos citar una serie de festivales y conciertos que están ya en el imaginario, no sólo de esta región sino del mundo entero: Rock en Rio (Brasil), Vive Latino (México), Lollapalooza (Chile), Barranquijazz (Colombia), entre otros. Así como eventos deportivos como la Copa América de fútbol y los Juegos Panamericanos, o espectáculos escénicos como el Cirque du Soleil.

Sería muy extenso citar todos los eventos de primer orden que se están dando en la región y otros más que, sin llegar a la importancia de aquellos, forman parte fundamental de la, hoy muy vibrante, industria del entretenimiento general. Más aún si sumamos la oferta que ya existía en cada país surgida de sus particularidades culturales y tradiciones, que también son focos muy atractivos para un extenso público nacional e internacional.

Pero todos estos eventos coinciden en algo: requieren de un aparato técnico-escénico complicado, según su dimensión, y reúnen grandes concentraciones de personas, como público o visitantes. Ambos aspectos están ligados a potenciales riesgos donde la prevención es lo fundamental pero, como todos sabemos, el riesgo cero no existe. De modo que es interesante reflexionar sobre los aspectos vulnerables de este sector y la manera en la cual pueden existir los esquemas aseguradores que proporcionen mayor certidumbre para que este mercado, del que disfrutamos todos, siga en constante evolución.

La región latinoamericana es muy promisoria en este sector, comenta Juliana Sabrina dos Santos, Manager de Entretenimiento de Chubb Brasil, debido al rápido crecimiento de la industria del entretenimiento, junto al creciente número de promotores que son terreno fértil para consolidar una cultura del seguro. [II]


¿Cuándo un evento es masivo?

Para la Fundación Iberoamericana de Seguridad y Salud Ocupacional (FISO), un evento masivo es aquella actividad que reúne a 3 mil o más personas para un fin; también es aquel que se realiza en lugares que no están destinados de manera permanente para el uso que se les quiere dar como, por ejemplo, aquellos que no son locales de esparcimiento y requieren adoptar medidas especiales de seguridad para participantes, asistentes y bienes. [III]

Desde esta perspectiva no podemos reducir el concepto sólo a eventos musicales, escénicos y deportivos, aunque son los más frecuentes. La FISO enumera un abanico más amplio: [IV]

– Encuentros y espectáculos deportivos.
– Eventos religiosos.
– Congregación política.
– Conciertos y presentaciones musicales.
– Ferias y festivales.
– Congresos, simposios, seminarios y similares.
– Obras de teatro.
– Desfiles de modas y exposiciones artísticas, gastronómicas y culturales.
– Atracciones varias (parques de diversiones, circos y similares).
– Carnavales y eventos tradicionales.
– Desfiles deportivos, cívicos y militares.
– Eventos culturales diversos.

Siendo así el espectro, los riesgos que pueden surgir de la diversidad de eventos masivos son igualmente variados, y su prevención un tema de análisis particular.


Accidentes y fallas: visitantes indeseados e inesperados

Una de las ramas del entretenimiento que empezó a tomar conciencia de la necesidad de certidumbre fue la industria cinematográfica. Ésta es una actividad muy compleja y costosa, donde intervienen equipo técnico y humano, rentas de todo tipo y planes con poca alternativa de cambios, cualquier contingencia que haga perder un día de rodaje representa cantidades importantes de dinero. Hoy los inversionistas, tanto privados como públicos, exigen a los productores la contratación de seguros pensados especialmente para este fin, así como la presencia constante de un servicio médico en la producción.

Los espectáculos masivos pueden considerarse del mismo modo. Actualmente se han vuelto bastante complejos en términos de recursos tecnológicos y tamaño, en ellos observamos rebuscadas estructuras, enormes escenarios con niveles, luces, efectos visuales y pantallas. Todo esto aumenta el grado de posibles fallas, así como la cantidad de sucesos inesperados.

En este tema hablamos de dos aspectos principales. Primero están los riesgos que existen para quienes participan en la realización del evento y están expuestos a los riesgos de dicha actividad, que van desde técnicos armando plataformas para colocar reflectores de luz hasta los artistas mismos sobre el escenario. Y segundo, están desde los accidentes producto de estas actividades, hasta malestares físicos derivados de otras circunstancias.

Los macro-montajes de los que disfruta el público en general son resultado del trabajo de decenas de personas que ejecutan tareas duras, sacrificadas y peligrosas.

La siniestralidad del sector se caracteriza porque generalmente se producen accidentes de poca gravedad, aunque con una alta frecuencia, y ocasionalmente existen accidentes graves e incluso mortales. [V]

Esto lo afirma un documento publicado por la Comunidad de Madrid, España. De esta manera observamos que, aunque no es la frecuencia de siniestros graves la norma, la presencia de percances, aunque sean menores, es recurrente y puede afectar el rendimiento de la planeación del evento.

Por otro lado, existe el riesgo siempre latente de fallas técnicas, dentro de la compleja estructura física y tecnológica, funcionando al mismo tiempo. Cada vez la tecnología es más sofisticada pero no deja de ser un conjunto de máquinas que, como comúnmente se dice, no tienen palabra, es decir, pueden fallar en cualquier momento, produciendo retrasos o contingencias aún más serias.

Ambos aspectos anteriormente expuestos redundan en un solo fenómeno: el incremento en el presupuesto inicial o, en casos extremos pero posibles, la cancelación del evento, con toda la pérdida económica y de imagen pública que conlleva.

Ante esta posibilidad, el 1% del presupuesto total de un evento, que representa el costo de un seguro, como nos comenta Juliana Sabrina dos Santos, de Chubb Brasil [VI], resulta una inversión altamente redituable frente a la pérdida que sería una contingencia mayor.


La condición humana

W. H. Heinrich fue un ingeniero norteamericano pionero en el estudio de los accidentes y sus causas, quien sostenía que si no se comprenden las causas de los accidentes difícilmente se podrían desarrollar esquemas para su prevención. Su Modelo de Causalidad sostiene que un 88% de los accidentes están relacionados a conductas humanas, el 10% por condiciones de riesgo, y el 2% por hechos fortuitos. [VII]

Los eventos masivos lo son fundamentalmente por reunir grandes cantidades de personas lo que quiere decir que, atendiendo a lo dicho por Heinrich, el principal causal de riesgo está presente en un nivel elevado.

A esta situación hay que añadir lo que comenta el especialista en temas de seguridad, el doctor David Chong, Secretario General de la Corporación de Seguridad Euro Americana de México, sobre el comportamiento de una multitud:

En términos generales un evento masivo contempla la permanencia de una multitud dentro un espacio confinado y por un tiempo limitado, con un propósito común que en ocasiones deriva en una alteración emocional, lo que a su vez propicia el abandono de los valores personales y la conciencia individual, por un comportamiento de alguna manera irracional. [VIII]

Es decir, en general, la gente va a presenciar un espectáculo no para activar su raciocinio sino para dejarse llevar emocionalmente por lo que ve y escucha, por ejemplo. Si en situaciones menos propensas al descuido el factor humano es mayormente causal de contingencias, las posibilidades de esa incidencia se multiplican en dicha situación. Los riesgos no provienen únicamente de fallas en la organización del evento o deficiencias en las rutas de acceso y evacuación sino, muy significativamente, del comportamiento de la multitud ahí presente.


El boleto como contrato

La seguridad en un evento masivo se cataloga como una obligación accesoria al lado de la principal, que es la presentación del espectáculo o actividad ofertada. Esta definición ha contribuido a que no se le preste la debida atención a la primera cuando habría que establecer una valoración en escala. La seguridad no es la oferta primigenia, sin embargo debiera estar considerada como algo inherente.

Sobre esto, el jurista Fernando H. Cayzac, sostiene que:

La obligación de seguridad ha sido definida como aquella en virtud de la cual una de las partes en el contrato se compromete a no dañar al otro contratante, ya sea su persona o sus bienes durante la ejecución del contrato.[IX]

En la mayoría de las legislaciones el realizador de un evento, sea un empresario privado o una dependencia pública, está obligado a responder ante contingencias que se presenten durante el desarrollo del evento. Dependiendo de la gravedad del caso, esta situación puede afectar profundamente a la organización. Al vender un boleto hay un entendimiento respecto a que, junto con el espectáculo ofrecido, se asegura la integridad de la persona, que no ocurra así se puede considerar como un incumplimiento en el acuerdo.

Fernando H. Cayzac concluye: “En los distintos sectores de actividad económica en que se brinda un servicio, va ganando terreno la doctrina que afirma que entre prestador y usuario siempre se da una relación de consumo”[X]. Es decir, entre el empresario organizador de un evento masivo y el espectador se da esa relación, lo que exige obligaciones al primero y otorga derechos al segundo.

Estas consideraciones resultan pertinentes si observamos sucesos lamentables, como el ocurrido en el club nocturno Kiss de Santa María, Rio Grande do Sul, Brasil, en enero de 2013, donde un incendio cobró la vida de 242 personas y dejó a otras 630 heridas. Esto devino en una propuesta de ley que hizo obligatoria la contratación de seguros para la realización de eventos.[XI]


Sector creciente, oportunidad de seguro

Son cada vez más los que consideran que el crecimiento del sector de los eventos masivos en América Latina puede enfrentar riesgos, y no por la falta de público sino por la posible insuficiencia de instrumentos aseguradores sólidos que se adapten correctamente a esta actividad.

El especialista en riesgos, José Vicente Patiño, de la consultora DeLima Marsh considera que:

Las coberturas de la norma pueden ser insuficientes. Se deberían contemplar unas pólizas más robustas que realmente protejan al público en general y sean más explícitas en los tipos de coberturas, porque los valores asegurados actuales pueden ser bajos. [XII]

Por su parte, Juan Aberláez, director de proyectos de Move Concerts, Colombia, afirma: “Seríamos felices de que hubiese una mejor oferta. Que? más quisiéramos que curarnos en salud a la hora de que se presente un desastre”.[XIII] Siendo así, pensar en esquemas aseguradores generales o básicos no sería una respuesta adecuada frente a una industria compleja como la del entretenimiento, que como se ha mencionado anteriormente, por su naturaleza presenta situaciones particulares.

Juliana Sabrina dos Santos, de Chubb Brasil, especifica cinco situaciones que hay que tener siempre en mente, tanto aseguradores como promotores de eventos: [XIV]

• Las personas. Es esencial que la mancuerna aseguradora-promotor piensen en la cobertura de posibles accidentes, tanto del público como de quienes laboran en la realización del evento.
• El espacio. El promotor debe prever posibles daños al lugar rentado para el evento: instalaciones eléctricas, daños estructurales, jardines, etc.

• Fuera del espacio. Los riesgos de contingencia pueden darse durante procesos que no necesariamente ocurren en el espacio del evento, como un accidente automovilístico trasladando equipo o personas, o retrasos en vuelos aéreos.
• Bienes arrendados. Estar cubierto contra daños que puedan producirse en los equipos e inmobiliario rentado.
• Pérdidas por contingencias. Ante desastres naturales, condiciones climáticas extremas, o situaciones graves de cualquier índole, la cancelación de un evento representa una enorme pérdida económica para el promotor.

Atendiendo a estas vertientes, Chubb capacita expertos y diseña los instrumentos aseguradores que puedan adaptarse a las realidades concretas de cada evento a tal grado que, en palabras de Juliana Sabrina dos Santos, toda contingencia puede estar cubierta.

Si es que la región sigue experimentando este crecer en su industria del entretenimiento, hay que tomar en cuenta que existen artistas, dentro de los más aclamados, que exigen determinadas coberturas a los empresarios que quieren contratarlos. Eso alerta especialmente a organizadores de plazas importantes, que no quieren ver menguada la consolidación de las sedes locales como espacios de primer orden mundial.

Al observar el panorama se concluye que hay un mercado que está pidiendo productos aseguradores. Entender este mercado es fundamental para consolidar la cultura del seguro con la inherente expansión de la industria aseguradora en la región.


Entender e innovar

Hay que comprender las causas para prever el accidente, como se vio anteriormente en referencia a la teoría de W. H. Heinrich. Chubb, al ser empresa pionera en el sector asegurador de eventos, ha desarrollado un valioso expertise que la hace conocer bien los riesgos a los que se enfrenta un promotor de eventos masivos. No sólo eso, también conocer los procesos relacionados al mismo de tal manera que puede hablar un lenguaje afín al promotor. Ir un paso adelante, condición básica par la innovación.

El reto ahora mismo es contar con un mayor número de agentes especializados en este sector del mercado.

La industria del entretenimiento en América Latina seguirá creciendo y demandará lo mismo de la industria aseguradora. La clave está en seguir entendiendo esta evolución, vislumbrando el enorme mercado que la región representa para este sector asegurador. Estar siempre atentos a las necesidades del mercado, siempre adaptándose y creando nuevos productos, como concluye Juliana Sabrina dos Santos.

[I] Ángel Díaz, de seguros Chubb. Entrevista especial.
[II] Entrevista con Juliana Sabrina dos Santos, Manager de Entretenimiento de Chubb Brasil. Sept. 2016.
[III] Íbidem.
[IV] ¿Cómo prevenir riesgos en eventos públicos y masivos? Fundación Iberoamericana de Seguridad y Salud Ocupacional. 2014.
[V] Íbidem.
[VI] Prevención de riesgos laborales en espectáculos públicos y actividades recreativas. Comunidad de Madrid. www.madrid.org
[VII] Entrevista con Juliana Sabrina dos Santos, Manager de Entretenimiento de Chubb Brasil. Sept. 2016.
[VIII] Varios autores. Prevención y atención de emergencia. Instituto Universitario de Tecnología de Cabimas. Venezuela. 2013.
[IX] Chong, David. Seguridad en eventos masivos: multitudes en riesgo, multitud de riesgos. Revista Seguridad en América.
[X] Cayzac, Fernando H. Obligación de Seguridad, espectáculos públicos y defensa del consumidor. Universidad de Buenos Aires. Argentina, 2005.
[XI] Ídem.
[XII] Entrevista con Juliana Sabrina dos Santos, Manager de Entretenimiento de Chubb Brasil. Sept. 2016.
[XIII] García M., Carlos A. Conciertos, sin amparo suficiente de seguros. El Tiempo. Colombia. 27/02/2015
[XIV] Íbidem.
[XV] Entrevista con Juliana Sabrina dos Santos, Manager de Entretenimiento de Chubb Brasil. Sept. 2016.
[XVI] Íbidem.