Oportunidades y desafíos en la industria de seguros en Latinoamerica

Con una población estimada de 593 millones de habitantes y un PIB combinado de 5.77 billones de dólares americanos, Latinoamérica es hoy una de las regiones más atractivas del mundo.
Y aunque de acuerdo al FMI el crecimiento económico de la región ha venido disminuyendo desde el 2010, si las cifras se analizan por país, encontramos que 10 de los 17 países que el organismo considera en sus lecturas de la región, crecieron por arriba del 4% en el 2013. Especialmente Bolivia con un 6.8%, Panamá con un 8% y Paraguay que alcanzó el 13%.[1]

Esta mejora económica ha logrado impactar positivamente indicadores de bienestar social muy importantes. De acuerdo a datos del Banco Mundial, el nivel de pobreza extrema en muchos de los países latinoamericanos disminuyó, pasando de 244 millones de personas que vivían con sólo 4 dólares americanos al día en el 2002, a 160 millones en 2010.

Además, ha logrado impulsar la demanda de productos y servicios de las diferentes compañías aseguradoras de la zona, promoviendo en primera instancia los productos generales (No Vida), con los que el interesado le brinda seguridad a su patrimonio, para después empezar a evaluar en otros productos y servicios de mayor valor agregado.

De hecho, si se revisa de cerca la evolución de primas emitidas en la región, se puede constatar que ésta no ha dejado de crecer en los últimos 10 años, pasando de los US$60 mil millones que presentaba en el 2005, hasta llegar a los US$177 mil millones que tiene hoy día, lo que representa un crecimiento de casi el 300%.

Mientras esto sucede en la región, en el mundo se presenta una tendencia hacia el reforzamiento de las legislaciones en materia de proveedores de servicios financieros.

En general, estos trabajos legislativos están orientados a apoyar al mercado de seguros y reaseguros, para garantizar con ello, la solidez de las empresas aseguradoras. Sin embargo, no todos los países trabajan bajo el mismo enfoque, y mientras algunos están interesados en construir un mercado sólido y capaz de resistir posibles crisis futuras, otros aprovechan la coyuntura simplemente para redefinir los marcos legales de su sistema financiero.[2]


Un marco para ordenar el crecimiento

En 2009, después de la crisis bancaria que sacudió al mundo, el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea le envió al G-20 un informe sobre la crisis.

En él, el Comité describía las causas de la crisis de la siguiente manera: “La profundidad y seriedad de la crisis estuvieron agravadas por las deficiencias del sector bancario, por ejemplo, el excesivo apalancamiento, la escasez y mala calidad del capital, y la insuficiencia de las reservas de liquidez. La crisis se vio agravada por un proceso de desapalancamiento procíclico y por las interconexiones entre instituciones financieras de importancia sistémica. Para dar respuesta a estos fenómenos, las reformas del Comité se dirigen a mejorar la capacidad del sector bancario para absorber perturbaciones provocadas por tensiones financieras y económicas, sea cual sea su origen, reduciendo con ello su propagación hacia la economía real.”[3]

Con la crisis del 2008, el mundo entendió lo que puede significar el riesgo financiero mal manejado para la economía en su conjunto, lo que aceleró la implementación de esquemas que ayudaran a prevenir sucesos similares.

Así, el Comité de supervisión Bancaria de Basilea, con la participación de Bélgica, Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Países Bajos, Suecia, Suiza, Reino Unido, Luxemburgo y España aportó los estándares que han servido para supervisar y operar con mayor efectividad el sector bancario internacional, dentro de los Acuerdos de Basilea II.

Esta experiencia internacional, permitió entender que el sector asegurador también requería de un marco normativo y de mejores prácticas, que definiera estándares de capitalización y manejo de riesgo para las empresas aseguradoras en todo el mundo. De esta forma nace Solvencia II, macroproyecto, que se origina en la Unión Europea con el principal objetivo de establecer un nuevo sistema que permita determinar los recursos propios mínimos a requerir a cada aseguradora en función de los riesgos asumidos y la gestión que se realice de cada uno de ellos.

Este nuevo enfoque pretende garantizar que las empresas aseguradoras tengan siempre el capital que requieren para hacer frente a los riesgos que están contratando.
Solvencia II tiene 3 principios rectores:

Pilar I, la búsqueda de procedimientos para el cálculo de los requerimientos de capital acordes con el diverso nivel de complejidad de las aseguradoras, y cuyos resultados sean mucho más sensibles al riesgo que los hasta ahora vigentes.

Pilar II, se intenta potenciar que la actuación supervisora verifique el rigor de los procedimientos utilizados por las entidades en su evaluación interna de los recursos propios totales que se precisan para respaldar el conjunto de los riesgos asumidos.

Pilar III, busca mediante una mayor transparencia, impulsar la disciplina de mercado como mecanismo que estimule a las aseguradoras a mantener los niveles de recursos propios adecuados.[4]

Es decir, una vez que Solvencia II sea implementada en el mundo, contaremos con aseguradoras mejor preparadas contra el riesgo, con procedimientos certificados y un actuar transparente. Justo el eslabón que faltaba para impulsar el crecimiento ordenado de la región. Sin embargo, su implantación integrará nuevas reglas en el mercado asegurador.


La oportunidad que todos están esperando

La entrada en vigor de Solvencia II seguramente tendrá otro tipo de impactos en el escenario de la región. Algunos especialistas como AM Best, señalan que debido a los nuevos requisitos de capital, seguramente veremos la desaparición de pequeñas compañías locales que no cuenten con la capacidad para inyectar el capital que sus empresas requerirán bajo los nuevos lineamientos de la norma.

Sobre este mismo tema, otros analistas, como Forbes, señalan que de llegar a presentarse ventas en el sector, estas estarían relacionadas sólo con la adquisición de la cartera de alguna aseguradoras que prefiera concentrarse en su negocio principal.

El tema toma relevancia en la región pues del total de primas emitidas en el 2014, el 48% correspondió a empresas locales, el 17% a oficinas regionales y el 38% a compañías globales.

Sin duda, las compañías globales con oficinas en Europa llegan a esta coyuntura con una mejor experiencia obtenida durante la puesta en marcha de Solvencia II en la Comunidad Europea.


La penetración, una oportunidad de millones de dólares

Actualmente, el latinoamericano gasta en promedio $304 dólares americanos anuales en seguros, lo que representa una penetración del 3.15%, La meta es lograr incrementar esta penetración hasta el 8% o el 12% que han logrado los países desarrollados.

Esto quiere decir que, aún con las oportunidades que traerá al mercado latinoamericano el proceso de implementación de Solvencia II, es posible que para lograr la penetración deseada sea necesario que las empresas aseguradoras hagan algunas cosas de forma diferente. Por ejemplo, la más reciente encuesta que Ernst & Young realizó al consumidor de seguros, señala que 7 de cada 10 clientes de aseguradoras en la región desearían que las aseguradoras los contactaran con mayor frecuencia, no sólo una vez al año cuando es momento de renovar la póliza.

Y van aún más lejos al comentar que en sus “comunicados”, sería deseable que las aseguradoras utilizaran mensajes relevantes, fáciles de entender y que verdaderamente tomaran en cuenta su situación personal, tanto desde el punto de vista de su historial de productos contratados, como de su capacidad financiera real.[5]

Este mismo estudio señala que el consumidor latinoamericano no sólo cuenta con nuevos canales para adquirir lo que necesita, sino que cada vez es más proclive a aceptar nuevos formatos de comunicación, como tutoriales en video, asesoría telefónica, chat en línea y hasta aplicaciones en celulares y tabletas digitales.
Es importante recordar que el 63% de la población económicamente activa de la región es parte de la generación del milenio o millennials, mismos que al día de hoy, de acuerdo a un estudio realizado por VISA, representan un mercado de $314 millones de dólares americanos sólo en América Latina.
Entender a profundidad la transformación que está sufriendo el consumidor de la región, cobra mayor relevancia si nos referimos al negocio de Líneas Personales, un mercado que depende directamente de la bonanza económica de las clases medias para su florecimiento, y que responde además a la capacidad que tengamos de convencer al consumidor final de contratar una póliza.[6]


Cultivando una nueva forma de acercarse al cliente

El antes mencionado estudio de Ernst & Young señala que este nuevo consumidor latinoamericano no sólo pide más atención, una mejor relación valor – precio en los productos de la industria, mejores canales de comunicación, mayor calidad y relevancia en la comunicación de las aseguradoras y la posibilidad de ser tomado en cuenta para el diseño de productos y servicios, sino que desea que las aseguradoras entiendan a profundidad la responsabilidad que representa involucrarse en su vida para manejar su patrimonio y responder en su nombre cuando él llegara a faltar.

La comercialización de más productos dependerá cada vez más de la calidad de las relaciones que las aseguradoras logren establecer con sus clientes, para dejar de vender lo mismo que venden sus competidores.

Aprovechar este entendimiento en un momento en el que todos los medios estarán hablando del mercado asegurador, significaría aprovechar de múltiples formas una gran oportunidad para incrementar la penetración de las líneas personales en la región.

[1] Estimado

[2] El estado de las legislaciones en materia de seguros en Latinoamérica, Best’s Special Report. Segment Review May 12, 2014.

[3] La respuesta del Comité de Basilea a la crisis financiera: informe al G-20. Comité de Supervisión Bancaria de Basilea.

[4] Ibid

[5] Reimagining customer relationships, Key findings from the EY Consumer Insurance Survey 2014. Americas

[6] Aseguradoras deben aprovechar apertura, El Economista. Entrevista de Elizabeth Albarrán a a Michael Raney, CEO de Zurich en Latinoamérica.