Riesgos criticos que enfrenta la industria de la salud

Los hospitales y las organizaciones de la salud enfrentan a diario enormes desafíos cuando buscan proporcionar atención de calidad a los pacientes. Últimamente la industria de la salud norteamericana ha sido presionada para reconocer los nuevos requisitos que establece la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible, (PPACA por sus siglas en inglés). Mientras estas demandas continúan, surgen nuevos retos que tienen el potencial de interrumpir las operaciones de estas instituciones, colocando la seguridad de los empleados y pacientes en situación de riesgo.

Desde pandemias a violencia en los hospitales, de “fatiga de alarmas” a infecciones intrahospitalarias y contaminación de ambientes hospitalarios, las organizaciones de la salud serán puestas a prueba en los meses y años venideros. No abordar estos temas en forma adecuada no sólo pone en riesgo la seguridad del paciente y del empleado, también podría dar lugar a un aumento en las responsabilidades, las reclamaciones por compensación de los trabajadores, multas y sanciones, además de dañar la reputación de una organización.

Para minimizar estos riesgos, los hospitales deben tener programas integrales de gestión de riesgos que se ocupen de cada uno de estos temas. Estos equipos deben familiarizarse con estos retos en los hospitales y deben estar autorizados para actuar y mitigar los riesgos que pudieran detectar. Debido a las posibles consecuencias adversas, los equipos de gestión de riesgos deben reportar directamente a la máxima autoridad de cada institución, así como también al directorio del hospital.

Como parte de una amplia estrategia de gestión de riesgos, las organizaciones de la salud deberían trabajar con aseguradoras que hayan demostrado tener experiencia en proyectos con el sector de la salud y que comprendan los desafíos únicos que enfrenta esta industria. Mientras que los hospitales son presionados constantemente para hacer más con menos, aquellos que tienen la precaución de preparase para afrontar estos riesgos emergentes, pueden reducir las posibilidades de pérdidas debilitantes mientras fortalecen su capacidad para ofrecer atención de calidad al paciente.

Según Rodrigo Granetto, Regional Executive Manager Medmal ACE Latin America, “Los seguros de Responsabilidad Civil Profesional han sido usados más como una herramienta de mitigación de riesgo. El número de quejas contra hospitales, clínicas y médicos ha aumentado considerablemente en los últimos años, y tener una póliza de seguro que ayude en la gestión de riesgos es extremadamente importante. Hoy en América Latina, ACE es una aseguradora que ofrece soluciones completas a las Organizaciones de la Salud”.


1. Preparación para pandemias

La creciente preocupación por las pandemias ha obligado a los centros de salud a revisar sus prácticas actuales y considerar el impacto que una posible pandemia a nivel nacional podría tener en sus organizaciones y las comunidades que sirven.

La capacidad de ofrecer atención con un mínimo de recursos y proteger la salud de empleados y pacientes dependerá de las medidas de planificación y preparación que los servicios de salud emprendan hoy. Las organizaciones deben considerar una serie de pasos críticos cuando se preparan para la posibilidad de una posible pandemia, ya sea como resultado del ébola, por ejemplo, o cualquier otra enfermedad infecciosa.


Un comité que actúe en caso de una pandemia.

Los centros de salud deberían formar un comité que actúe en caso de una pandemia para que ayude a identificar, responder a y recuperarse de una amplia gama de posibles interrupciones comerciales y clínicas. El comité debe incluir representantes de: administración superior, gestión de riesgo, servicio de urgencias, medicina del trabajo, recursos humanos, administración de enfermería, personal médico, servicios de desastre del hospital, control de infecciones, ingeniería y seguridad institucional, y servicios de laboratorio y terapia. El comité debe designar un coordinador de respuesta que conozca muy bien la planificación y normativas gubernamentales de cada país para reaccionar ante una pandemia, así como ser conocedor de los esfuerzos del sector privado.

El encargado de este comité, debe a su vez capacitar al personal de todas las áreas sobre la importancia del cuidado y seguimiento de procedimientos ante una posible pandemia. También debe cerciorarse de que la entidad de salud cuenta con óptimas condiciones para el control y manejo de enfermedades pandémicas.


2. Incidentes violentos en hospitales

Puede que los hospitales sean lugares de sanación, pero también se han convertido en el escenario de un creciente número de incidentes violentos. Tales incidentes no sólo ponen en riesgo a pacientes sino también a profesionales médicos que a menudo son blancos de ataques, acoso, intimidación y otros comportamientos perturbadores.

En Estádos Unidos, el índice de frecuencia para la violencia y otras lesiones en el sector de asistencia social y atención de salud en 2012 fue más de tres veces mayor que el índice para todas las industrias privadas.[1] Según la Joint Comission, las tasas de asalto, violación y homicidio han aumentado en centros de salud.[3] Los perpetradores pueden incluir pacientes, familiares, visitas y vendedores, como también empleados actuales y anteriores de los centros de salud.

Los costos para hospitales y organizaciones de salud pueden incluir aumentos en litigios por negligencia y reclamaciones de indemnización de los trabajadores, multas, daños a la reputación de la organización como también dificultades con retención de personal, efectos en el espíritu de trabajo e inasistencia habitual.

Para abordar el problema, los hospitales y organizaciones de salud deberían:

* Promulgar una política de tolerancia cero. La política debe declarar que ninguna forma de violencia (física, verbal o psicológica) será tolerada y que todos los infractores estarán sujetos a una acción disciplinaria, incluyendo despido. La política debe ser comunicada a la administración, voluntarios, empleados contratados y pacientes.

* Realizar una evaluación de los factores de riesgo. Evaluar prácticas actuales y las actitudes hacia la violencia en el lugar de trabajo y desarrollar un programa de prevención de la violencia. Quizás las organizaciones de salud querrán consultar con su asegurador para que los oriente.

* Educar y entrenar a todo el personal. Establecer políticas y procedimientos sobre cómo detectar el peligro, cómo desactivar conflictos y cómo responder a incidentes violentos, además del entrenamiento en seguridad personal.


3. Reforma de la salud / integración del médico

A medida que los hospitales avanzan en la implementación de la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible, están contratando médicos a un ritmo vertiginoso; pero la integración de doctores y su clientela expone a los hospitales a un aumento en el seguro por responsabilidad civil.

Los cambios en la relación de trabajo entre los hospitales y la clientela de un médico han sido dramáticos. En 2014, casi 64% de los médicos recién contratados son empleados de los hospitales, frente sólo a un 11% en 2004.3 Menos del uno por ciento se decide por la práctica en solitario en 2014, frente al 20% que lo hacía en 2004. Estos cambios podrían continuar.

Mientras los hospitales continúen con la estrategia de contratar más médicos, deben recordar el impacto sobre su propia responsabilidad civil. Como empleador, por ejemplo, los hospitales podrían considerarse responsables solidarios de los actos negligentes u omisiones de sus médicos.

A pesar de este riesgo, a menudo el equipo de gestión de riesgo del hospital se ha quedado fuera de las conversaciones relacionadas con los contratos con doctores y su clientela, resultando en acuerdos de empleo que pueden ser poco ideales desde una perspectiva de gestión de riesgo.

Antes de llegar a cualquier acuerdo, los hospitales debieran consultar con su equipo de gestión de riesgo e incluir al equipo en el desarrollo de contratos con médicos y su clientela. Los hospitales deben confiar en el equipo de gestión de riesgo para que les ayude a integrar a los médicos y a su clientela al sistema del hospital, incluyendo la presentación de informes de incidentes y la gestión de riesgos. Los hospitales también deben considerar la utilización de una herramienta de autoevaluación para determinar si las políticas y prácticas de la oficina del médico están o no a la altura de los estándares de la organización.


4. Comportamiento disruptivo del personal

El comportamiento disruptivo de médicos y/o del personal médico es un problema serio que puede conducir a errores médicos y arriesgar la seguridad del paciente al promover un ambiente de hostilidad y desconfianza. Si se deja sin tratar, el comportamiento disruptivo puede crear obligaciones significativas para las organizaciones de salud.

Comportamientos como arrebatos verbales, acoso, lenguaje condescendiente, o simplemente la negativa a contestar preguntas, también conlleva otros riesgos. Los individuos con una historia de comportamiento disruptivo plantean el riesgo más alto de litigio para los hospitales. Esto también contribuye a un mal trabajo en equipo, escasa satisfacción de los pacientes, impide eficiencia operacional y provoca dificultades en el reclutamiento y retención del personal.[4]

En 2009 la Joint Comission empezó a exigir que los hospitales establecieran códigos formales de conducta como también procesos para manejar el comportamiento disruptivo e inapropiado del personal médico[5]; sin embargo, la existencia de una política escrita se queda en eso. Las organizaciones de salud necesitan desarrollar un proceso de intervención efectivo para enfrentar cada reclamo y para hacer recomendaciones apropiadas. Debe establecerse un Comité de gestión de conflictos formal que rinda informes al Directorio y que desarrolle políticas y procedimientos, y que también capacite al personal médico y clínico. Este comité sería el responsable de responder a los reportes de comportamiento disruptivo, de investigar incidentes y de supervisar el proceso de negociación hasta el punto de resolución.

Enfrentar el problema del comportamiento disruptivo con anticipación ayudará a los administradores, médicos y enfermeras a reconocer y responder a este tipo de incidentes antes de que estos se conviertan en un problema.


5. Telemedicina

Los avances en tecnología, la actual falta de médicos y el dramático aumento en el número de pacientes que buscan atención han dado lugar a que un creciente número de centros de salud incorporen o expandan el uso de telemedicina para entregar servicios a pacientes en hospitales y también en lugares remotos. Hoy en día, grandes centros hospitalarios están utilizando alguna forma de telemedicina para tratar pacientes.

Aunque esto puede darle a los pacientes un mejor acceso a la atención sanitaria y ofrece a los médicos una fuente de información detallada en menos tiempo, los profesionales de la salud debieran tener en cuenta los riesgos que implica.

La telemedicina podría dar lugar a acusaciones de negligencia si los que proporcionan la atención sanitaria no tienen el entrenamiento, experiencia y/o credenciales adecuados. Puede que los hospitales y los médicos tengan dificultad en manejar los riesgos de la telemedicina pues a menudo existe una falta de claridad respecto a los requisitos legales, de licencias y regulatorios; como también sobre las jurisdicciones que tienen prioridad. Las estrategias para mitigar los riesgos de la telemedicina incluyen:

* El proceso de acreditación y de privilegios en el centro de salud debe ser evaluado para asegurar el cumplimiento de las normas.

* El reglamento interior, reglas y reglamentos para el personal médico debe reflejar la integración completa de normas para telemedicina con otras líneas de práctica clínica en la organización. Cualquier requisito de licencias específicas de cada país debe ser incorporado.

* El Directorio debe revisar cuidadosamente los acuerdos escritos, contratos de servicios y planes de transferencia de riesgos para minimizar posibles faltas en el nivel de atención y también en disputas con socios de telemedicina.

* Los médicos deben ser educados respecto a elementos esenciales del consentimiento informado y documentación de auditoría para la inclusión del consentimiento de telemedicina en el registro del paciente. Las explicaciones debieran incluir la forma en la que se usa la tecnología y cualesquiera limitaciones que pudiera presentar su uso.

* El Comité de credenciales debiera tener la autoridad para otorgar la calidad de miembro a proveedores de telemedicina.

* Se debe establecer una lista, aprobada por el Directorio, de procedimientos y servicios de telemedicina.

* El cumplimiento de todos las normas y requisitos legales respecto al otorgamiento de credenciales a practicantes de telemedicina debe ser documentado. Insistir en cláusulas mutuas que eximen de responsabilidad e indemnización en todos los contratos comerciales entre socios de telemedicina.


6. Contaminantes ambientales

Los rápidos avances en tecnología médica, combinados con la consolidación de la industria, impulsada por desafíos económicos y regulatorios, están llevando a muchas organizaciones de salud a construir nuevas instalaciones o a expandir y remodelar las ya existentes. Sin embargo, los trabajos de construcción y mantenimiento pueden conducir a una amplia variedad de riesgos ambientales que comprometan la calidad del aire interior, sistemas de agua y otras áreas. Estas amenzas son especialmente preocupantes cuando los proyectos se llevan a cabo en una instalación que todavía está en uso. Polvo fugitivo, emanaciones y esporas de moho difundidas por el trabajo de construcción pueden causar reacciones potencialmente mortales en pacientes con sistemas inmunes debilitados. Los proyectos de renovación y expansión pueden difundir moho, bacterias o virus a través de los sistemas de calefacción, enfriamiento, ventilación y agua. Los riesgos también incluyen exposiciones que surgen del transporte y eliminación de materiales y desechos de la construcción fuera del lugar de la obra.

Además de la posibilidad de daños corporales entre pacientes y personal, las consideraciones principales incluyen los costos de remediación potencialmente significativos si ocurriese un problema de contaminación y la posibilidad que todo o parte de una instalación tenga que cerrarse durante la remediación ambiental.

El daño a la reputación no debe ser pasado por alto. En un centro de salud los problemas de contaminación pueden atraer la cobertura noticiosa negativa. En ese caso, quizás el centro de salud quiera trabajar con expertos en relaciones públicas para ayudar a limitar los posibles daños a su reputación.

Para hacer frente a estos riesgos las organizaciones de salud deben verificar que los proyectos de edificación sean llevados a cabo por contratistas calificados en una forma ambientalmente racional que mitigue los riesgos potenciales. Una organización de salud tiene la obligación de proteger la salud del paciente, por lo que el Directorio debe estar al tanto de las leyes ambientales aplicables respecto a medidas de control de infección y normas de atención establecidas por entidades profesionales que rigen la construcción. Deben también reconocer que muchas revelaciones relacionadas con el medioambiente y la contaminación están excluidas específicamente de las pólizas de responsabilidad civil general.

Las pólizas de seguro ambientales especialmente diseñadas para la industria de la salud proporcionan cobertura contra una amplia gama de exposiciones a la contaminación, y al mismo tiempo reducen posibles brechas de cobertura en pólizas de responsabilidad civil general. La cobertura debiera incluir los costos de remediación como también interrupción por cese de negocios.


7. Preparación para emergencias

Los desastres pueden golpear en cualquier lugar, en cualquier momento. En los últimos años, en los Estados Unidos por ejemplo, eventos como la bomba en la Maratón de Boston, la explosión en una planta de fertilizantes en el oeste de Texas y el accidente de Asiana Airlines en San Francisco han provocado un gran número de víctimas, obligando a los hospitales y trabajadores de la salud a proporcionar atención a pacientes malheridos bajo condiciones de crisis.

Aunque las comunidades locales pueden ser sorprendidas por eventos como estos, actualmente son tan frecuentes que recalcan la urgente necesidad de tener planificada una preparación adicional para emergencias en todos los hospitales. Incidentes con un gran número de víctimas ocurren no sólo en grandes ciudades como Boston y San Francisco, donde planificar para emergencias es rutinario, sino también en comunidades más pequeñas.

Los hospitales debieran estar preparados para proporcionar atención médica de emergencia a las víctimas que pueden tener heridas vistas más comúnmente en un campo de batalla y que quizás sobrepasen la capacidad de un servicio local de urgencias. En muchos casos, las lesiones pueden forzar las capacidades del personal médico. Por ejemplo, en el caso del accidente del avión de Asiana, muchas de las víctimas eran niños que necesitaban atención especializada, lo que presentó un desafío adicional a un personal médico que ya estaba abrumado.

Además de estar preparadas para proporcionar atención médica, las organizaciones sanitarias también deben estar listas para las otras presiones que puedan tener que enfrentar en una situación de victimas en masa. Los medios, las organizaciones gubernamentales y los familiares necesitarán atención en un momento cuando el liderazgo de la organización sanitaria ya está bajo presión.

La misma institución hospitalaria puede resultar impactada en forma directa. Por ejemplo, el huracán Sandy causó inundaciones y cortes de electricidad en ciertos estados, forzando a algunos hospitales a confiar en generadores de respaldo y considerar preguntas como si se debían evacuar a los pacientes o no. El liderazgo y la comunicación son de importancia crítica para asegurar que una organización sanitaria está preparada para atender víctimas; mientras, en lo posible, protege al personal y pacientes de ser expuestos a mayores riesgos.

Las organizaciones deben designar un equipo de respuesta en caso de incidentes, quien se hará cargo de cualquier desastre. Es vitalmente importante que las organizaciones sanitarias revisen y actualicen sus planes de emergencia para desastres en forma permanente. El plan de gestión de desastres debe estar integrado con miembros de las organizaciones que se requieran y agencias de cada país.

Durante un desastre las comunicaciones son críticas, y se debe designar personal que proporcione información precisa a empleados, pacientes y sus familiares, y que trabaje con agencias locales, estatales y federales. La formación de empleados es un componente importante de la preparación para emergencias. Los hospitales deben implementar y practicar simulacros de diferentes escenarios de desastres en todos los turnos.

La planificación de la preparación para emergencias se ha convertido en una necesidad en el mundo actual y ningún hospital debiera considerarse inmune a la amenaza de un incidente con víctimas en masa o una catástrofe que podría interrumpir las actividades.


8. Fatiga de alarmas

Las enfermeras de hospital las oyen constantemente – los pitidos y chirridos de las alarmas en dispositivos médicos como ventiladores, monitores cardíacos y dispositivos de oximetría de pulso. Aunque las alarmas están diseñadas para llamar la atención a un posible problema, cuando el profesional médico está abrumado puede fácilmente hacer caso omiso y no responder en la manera que debiera.

La “fatiga de alarmas” es un problema en aumento para los hospitales y las consecuencias pueden ser fatales. La base de datos Sentinel Event de la Joint Comission incluye informes de 98 eventos relacionados con alarmas entre enero 2009 y junio 2012. De los 98 eventos, 80 resultaron en muerte, 13 en una perdida permanente de funciones y 5 en cuidados adicionales inesperados o en estadía alargada.[10] La “fatiga de alarmas” es considerada una preocupación principal para los hospitales, según una encuesta presentada en la reunión anual de la Sociedad para Tecnología en Anestesia en 2014.[11] Peligros de alarmas también estaban entre los Top 10 de la Lista de Riesgos Tecnológicos del ECRI Institute en 2014.[12]

Para reducir el riesgo de daño al paciente por “fatiga de alarmas”, la Joint Comission, junto con la Asociación para el Avance de la Instrumentación Médica y el Instituto ECRI, ofrecen las siguientes recomendaciones:[13]

* Verificar que haya un proceso de seguridad de gestión de alarmas y de respuesta en áreas de alto riesgo.

* Preparar un inventario de los aparatos médicos equipados con alarmas que se utilizan en áreas de alto riesgo y para condiciones clínicas de alto riesgo, e identificar ajustes prefijados para alarmas y los límites apropiados para cada área de cuidados.

* Establecer directrices para los ajustes de alarmas, incluyendo identificación de situaciones cuando las señales de las alarmas no sean clínicamente necesarias.

* Establecer directrices para ajustes de alarmas y límites a medida para pacientes individuales. Las directrices deben abordar situaciones cuando los límites pueden ser modificados para minimizar las señales de alarma. Verificar y mantener aparatos equipados con alarmas para proporcionar una configuración exacta y apropiada de la alarma, operación adecuada y detectabilidad.


9. Epidemia de obesidad

La obesidad es uno de los problemas de salud más graves. Adultos con un índice de masa corporal (BMI) de 30 o más son considerados obesos, esto también está empezando a afectar los niños.[14] Con el aumento de la obesidad en la población general, ha habido un notable aumento en el número de admisiones bariátricas a centros de salud y también en centros de atención ambulatoria. Esta tendencia representa un desafío a las organizaciones y proveedores de salud que luchan por entregar un cuidado digno que sea efectivo y seguro tanto para el paciente como para los proveedores.

Los pacientes obesos a veces requieren cuidados específicos, y los profesionales de la salud deben estar seguros de tener el equipo apropiado para acoger esta población de alto riesgo. Para velar por la seguridad y dignidad de pacientes obesos, los hospitales debieran investigar que todos los instrumentos necesarios para un correcto cuidado y tratamiento estén en óptimo estado. La falta del equipo apropiado o no tratar a los pacientes obesos con respeto y dignidad podría dar lugar a reclamaciones por daños a terceros.

La seguridad de los profesionales médicos que trabajan con pacientes obesos es otra preocupación. Levantar, manejar y transferir pacientes obesos siempre ha sido un desafío para los profesionales de la salud y éstos se podrían lesionar al tratar de cuidar o mover un paciente obeso, dando lugar a demandas por compensación presentadas por los trabajadores, demandas por tiempo perdido, un aumento en la rotación de personal y el costo de entrenar nuevos empleados. Mientras tanto, es posible que el personal del hospital necesite capacitación mejorada o ayuda adicional para evitar que se lesionen y asegurar un apropiado cuidado, transporte y satisfacción del paciente. Los actuales líderes en salud deben reconocer el desafío de cuidar pacientes obesos y desarrollar políticas para abordarlo. También deben asegurarse de tener el equipo apropiado para satisfacer las necesidades de estos pacientes, y deben educar al personal con el fin de promover la seguridad del paciente y del personal.

La Sociedad Americana para la Gestión de Riesgos de la Salud recomienda que las organizaciones de la salud:[15]

* Establezcan un Comité multidisciplinario responsable de analizar y responder a temas relacionados con el cuidado de obesos.

* Verificar que el cuidado del paciente está precedido por una discusión franca de todas las complicaciones conocidas y posibles relacionadas con la obesidad y que esté documentado en la ficha médica del paciente.

* Evaluar la distribución y diseño de las instalaciones para pacientes que son obesos.

* Evaluar la capacitación y educación del personal en áreas como manejo y transporte de pacientes, necesidades de atención especiales y sensibilidad del personal.

* Evaluar suministros incluyendo: camas, mesas de examen, sillas de rueda, batas, frazadas, brazaletes de identificación, manguitos de presión arterial, medias de compresión, agujas y catéteres, sillas en salas de espera, ascensores para pacientes, inodoros bariátricos, pesas, camillas y tubos traqueales.

* Adoptar una política de cero-tolerancia hacia actitudes y comportamientos discriminatorios que estén dirigidos a pacientes obesos y las medidas disciplinarias específicas por incumplimiento.


10. Infecciones asociadas a cuidados de salud.

Infecciones adquiridas en centros de salud (HAIs) le cuestan billones de dólares cada año al sistema norteamericano de cuidados de salud y conducen a la pérdida de decenas de miles de vidas.[16] En cualquier momento, aproximadamente uno en 25 pacientes hospitalizados tiene por lo menos alguna de esas infecciones, según el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos. Estas infecciones pueden tener consecuencias severas para los pacientes. En 2011, había un número estimado de 722,000 HAIs en los hospitales norteamericanos de cuidado intensivo, y casi 75,000 pacientes hospitalizados con HAIs murieron durante sus hospitalizaciones.[17]

Las infecciones adquiridas en centros de salud también tienen un precio financiero, cuestan US$9.8 billones al año según una investigación publicada en 2013 en JAMA Medicina Interna.[19]

Reducir el riesgo de HAIs es un Objetivo Nacional para la Seguridad del Paciente de la Joint Comission y la meta exige específicamente adherirse a prácticas de higiene de manos y considera la muerte o discapacidad grave debido a un HAI como un evento centinela.[20]

Las organizaciones de salud deben asegurarse que todos los sistemas de saneamiento estén al día y funcionando y que el personal sabe cómo utilizarlos correctamente para mantener a los pacientes seguros.

También deben continuar recordándole al personal y a las visitas sobre las técnicas básicas para el control de infecciones. El personal médico debe tener un cuidado especial en lavarse las manos con jabón antiséptico antes de tratar a los pacientes. Un nuevo estudio muestra que sólo 13 por ciento de los proveedores de servicios médicos de urgencia informó haberse lavado las manos antes de entrar en contacto con el paciente.[27] Pasos sencillos como instalar desinfectantes a base de alcohol para las manos también ayuda a reducir la tasa de infección.


Un programa integral de gestión de riesgos

A medida que los hospitales y las organizaciones de salud se adaptan a las cambiantes tendencias regulatorias, tecnológicas y demográficas, estos temas críticos demandarán atención en los meses y años venideros. Es posible que algunos de estos temas ya estén en los titulares en algunas comunidades, pero tarde o temprano afectarán a casi todos los hospitales, desde las instituciones de las grandes ciudades hasta los pequeños hospitales de pueblos pequeños.

Los hospitales y las organizaciones de salud deben comenzar a actuar ahora asegurándose que estén familiarizados con cada uno de estos temas y que tienen un programa general de gestión de riesgo instalado para abordarlos. Los equipos de gestión de riesgo de los hospitales deben reportar directamente a los ejecutivos máximos y a los Directorios de los hospitales y debieran tener la autoridad para actuar en el manejo de los riesgos del hospital y desarrollar soluciones.

Como parte de este esfuerzo, los hospitales debieran trabajar con un asegurador que comprende los riesgos que enfrenta el sector de la salud y que pueda ofrecer soluciones que ayuden a mitigar esos riesgos. Además del control de la pérdida, el seguro es un elemento crítico en cualquier programa de gestión de riesgos. Los hospitales y las organizaciones de salud debieran tener una cobertura general que incluya bienes y responsabilidad general, coberturas ambientales y cibernéticas. Al seleccionar un asegurador, los hospitales deben considerar la gama de experiencia aseguradora de la compañía, los productos que ofrece y su experiencia en el sector de la salud.

La industria de la salud está cambiando rápidamente y los hospitales están bajo una presión intensa para enfrentar desafíos existentes y emergentes y seguir proporcionando atención de calidad. Con una estrategia general para gestión de riesgo y coberturas de seguro apropiadas, las organizaciones de salud pueden cumplir su misión principal mejor y entregar una mejor atención a sus pacientes.


ACERCA DE LOS AUTORES:

Diane Doherty, M.S., CPHRM es Vice Presidente, en las operations de EEUU en ACE Medical Risk con sede en la ciudad de Nueva York. Doherty es responsable de proveer un amplio rango de servicios de consultoría de riesgo a clientes, hechos a la medida de los desafíos evolutivos de la industria de la salud y que proactivamente logran satisfacer las necesidades únicas del manejo de riesgo. Doherty tiene más de 25 años de experiencia en el manejo de riesgo en el área de la salud. Sus áreas de especialización incluyen manejo de riesgos clínicos, administración de hospitales, gestión de calidad, seguridad del paciente, manejo de reclamos y relaciones con pacientes. Doherty es miembro activo de ASHRM y en varias divisiones incluyendo GHSHRM, SCHRM, GASHRM y CASHRM. Ella fue recibió y mantinene su CPHRM (Certificado Profesional en Gestión de Riesgos en Salud) desde Diciembre de 2001.

Renne Carino, es Vice Presidente y Chief Underwriting Office de la división de ACE Medical Risk. Con sede en Nueva York, Carino es responsable de supervisar la suscripción de todas las operaciones de ACE Medical Risk, incluyendo el desarrollo de productos de Medical Risk y Life Sciences, la estrategia de suscripción y el entrenamiento. Carino posee más de 16 años de experiencia en la industria de los seguros, incluyendo 10 años en los seguros de responsabilidad profesional en salud y está hace 12 años en ACE. Sus diversos conocimientos en seguros incluyen roles en suscripción, legal y reclamos.

Derecho de autor © 2013, Grupo ACE. Todos los derechos reservados.

[1] “Nonfatal Occupational Injuries and Illnesses Requiring Days Away from Work, 2012,” Bureau of La-bor Statistics, U.S. Department of Labor, Nov. 26, 2013. See: http://www.bls.gov/news.release/pdf/osh2.pdf
[2] “Preventing Violence in the Health Care Setting,” The Joint Commission, June 3, 2010. See: http://www.jointcommission.org/assets/1/18/SEA_45.PDF
[3] “Merritt Hawkins 2014 Review of Physician and Advanced Practitioner Recruiting Incentives,” Merritt Hawkins, June 30, 2014. See: http://www.merritthawkins.com/
[4] “Revisiting Disruptive and Inappropriate Behavior: Five Years after Standards Introduced,” JC Physi-cian Blog, Oct. 2, 2013. See: http://www.jointcommission.org
[5] “Behaviors that undermine a culture of safety,” The Joint Commission, July 9, 2008. See: http://www.jointcommission.org/assets/1/18/SEA_40.PDF
[6] “Telemedicine Frequently Asked Questions,” American Telemedicine Association. See: http://www.americantelemed.org/about-telemedicine/faqs#.U8Rb117Xn8t
[7] “Fourth Annual Benchmark Study on Patient Privacy & Data Security,” Ponemon Institute, March 2014.
[8] “Your Medical Record is Worth More to Hackers than Your Credit Card,” Reuters, Sept. 24, 2014. See: http://www.reuters.com/us-cybersecurity-hospitals
[9] “Fourth Annual Benchmark Study.”
[10] “Medical Device Alarm Safety in Hospitals,” The Joint Commission Sentinel Event Alert, The Joint Commission, April 8, 2013. See: http://www.jointcommission.org/assets/1/18/SEA_50_alarms_4_5_13_FINAL1.PDF

[11] “’Alarm fatigue’ a top-of-mind concern for U.S. hospitals, finds national survey presented at Society for Technology in Anesthesia Annual Meeting,” The Physician-Patient Alliance for Health & Safety, Jan. 22, 2014. See:http://www.prnewswire.com/
[12] “ECRI Institute Releases Top 10 Health Technology Hazards Report for 2014,” ECRI Institute, Nov. 4, 2013. See: http://www.prnewswire.com/news-releases
[13] “Medical Device Alarm Safety in Hospitals,” The Joint Commission Sentinel Event Alert.
[14] “Adult Obesity Facts,” Centers for Disease Control and Prevention. See: http://www.cdc.gov/obesity/data/adult.html
[15] “ASHRM Webinar: Patient Safety and the Obesity Epidemic. How to Tackle the Risks of an Expanded Patient Population,” American Society for Healthcare Risk Management, March 13, 2014.
[16] “Health Care-Associated Infections (HAIs),” Office of Disease Prevention and Health Promotion. See: http://www.health.gov/hai/prevent_hai.asp#hai
[17] “Healthcare-Associated Infections (HAIs),” Office of Disease Control and Prevention. See: http://www.cdc.gov/HAI/surveillance/index.html
[18] “Hospital-Acquired Infections Rack up $9.8B a Year,” FierceHealthcare, Sept. 3, 2013. See: http://www.fiercehealthcare.com/ See also: http://archinte.jamanetwork.com/article
[19] “AHRQ’s Efforts to Prevent and Reduce Health Care-Associated Infections,” Agency for Healthcare Research and Quality. See: http://www.ahrq.gov/research/findings/factsheets/errors-safety/haiflyer/index.html
[20] “Health Care-Associated Infections,” Agency for Healthcare Research and Quality. See: http://psnet.ahrq.gov/primer.aspx?primerID=7
[21] Ibid.
[22] “Hospital Readmissions Reduction Program,” medicare.gov. See: http://www.medicare.gov/hospitalcompare/readmission-reduction-programAspxAutoDetectCookie Support=1
[23] “A Guide to Medicare’s Readmissions Penalties and Data,” Kaiser Health News, Oct. 2, 2014. See: http://www.kaiserhealthnews.org/Stories
[24] Ibid.
[25] “Medicare Fines 2,610 Hospitals in the Third Round of Readmission Penalties,” Kaiser Health News, Oct. 2, 2014. See:http://www.kaiserhealthnews.org/Stories
[26] Ibid.
[27] “Hand-washing rates low among emergency medical personnel, study finds,” CBS News, Nov. 13, 2013. See: http://www.cbsnews.com/news